Una simple ilusión

Lo nuestro son las motos, no las matemáticas, pero a pesar de ello sabemos defendernos bien con cifras que son muy importantes para nosotros. Revoluciones por minuto, centímetros cúbicos, caballos de potencia, kilómetros por hora e inevitablemente una de las más importantes: el valor del combustible, un número que pesa demasiado en el bolsillo de todos los colombianos, independientemente de que tengan o no que ir a la estación de combustible a comprar este líquido vital que mueve en gran medida la economía en un país donde todo va y viene por precarias carreteras.

Hace un par de meses cuando el precio del barril se desplomó en casi un 60%, comenzamos a soñar con la posibilidad de que la gasolina bajara considerablemente, pues supuestamente dicho valor se ajusta a los precios internacionales, o al menos eso era lo que nos decían cuando el petróleo iba para arriba, justificando de esa manera que los colombianos debiéramos pagar por el combustible como si fuéramos un país importador y no productor y exportador de petróleo.

Subía el barril y sagradamente subía el valor del galón en las estaciones, pero ahora que el petróleo ha bajado, pasando de estar por arriba de 100 dólares en promedio el año pasado a costar 45 dólares en las últimas semanas, el sistema parece no funcionar, la fórmula del precio internacional no concuerda o la calculadora del gobierno sencillamente no tiene la función de restar. Cuando en Estados Unidos estaban pagando $6.620 por galón de combustible de buena calidad a mediados de marzo, aquí pagamos 8 mil pesos o más por una gasolina que no se compara en calidad y que en la misma medida no rinde igual en los motores actuales y mucho menos con la calidad de nuestras vías.

Ahora resulta que la fórmula para “imponer” el precio de la gasolina se basa en un precio de referencia que establece el mismo gobierno, bajo una fórmula que no han sabido explicar y que está muy por arriba del precio internacional, y gracias a esto las arcas pueden seguir recibiendo un buen caudal de recursos que van para algo llamado el Fondo de Estabilización del Precio de los Combustibles (FEPC), que es algo así como una alcancía muy gorda que de alguna manera en medio de la bonanza petrolera supieron vaciar y ahora todos vamos a tener que volver a llenar pagando lo que nos deberíamos ahorrar por la baja del petróleo.

De esa manera la ilusión de ver un combustible a un precio similar al que pagan por ejemplo hoy en día en Ecuador, que está en $5.700 el galón, se quedó solo en eso, en una ilusión. Para darnos contentillo y mantenernos apaciguados, bajaron 300 pesos antes de terminar febrero, distando mucho de lo que debería estar costando si la dichosa calculadora con la que hacen las cuentas funcionara como las de otros países productores. Por eso mientras la gasolina siga siendo usada como la fuente de ingresos de un estado ineficiente y no como el motor de la economía para bien de toda la sociedad, seguramente serán muchos más los que optarán por la moto como el mejor medio de transporte en términos de eficiencia en el uso de este líquido vital y la mejor opción para hacer rendir el tiempo y el dinero.

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Mientras en Colombia el Gobierno siempre encuentra una manera para hacer que el precio de la gasolina esté acorde a sus intereses, en países vecinos priman los intereses del pueblo.