Igualdad – Editorial 145

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Cuando se habla de injusticias, los motociclistas tenemos bien claro este concepto, gracias a la persecución de las autoridades, a las retenciones arbitrarias y al “negocio” en que nos convertimos.

Supuestamente vivimos en un país que se basa en la justicia y la igualdad, tal como lo expresa nuestra Constitución en su primer párrafo. Nada más lejos de la realidad. Si eres un político con poder, tus crímenes los pagas con penas irrisorias y en una mansión con todas las comodidades (si es que los pagas). Si eres un criminal con miles de muertes a cuestas, entonces te perdonan y te premian como si hubieras sido el más ilustre de los ciudadanos, pero si eres parte de los millones de ciudadanos que se movilizan en una moto, tendrás que acostumbrarte a una persecución constante de las autoridades, donde, a diferencia de los demás vehículos, el tuyo será retenido por casi cualquier infracción hasta que no pagues la multa, convirtiéndose esto en una injusticia y en un lucrativo negocio para autoridades y particulares (dueños de grúas y parqueaderos), y en una tortura para la clase baja de un país en el cual acceder a un carro es un privilegio que la inmensa mayoría no puede permitirse y una moto es la herramienta de trabajo o el medio de transporte que ayuda a hacer rendir un ingreso que para muchos de los que se movilizan en este medio de transporte, no equivale ni a lo que se gana un congresista en un día (sin contar las otras “entraditas” de estos ilustres funcionarios).

En un país donde el Estado nunca asumió la responsabilidad que hay detrás de la función de conceder licencias de tránsito y que convirtió ésto en un vil negocio, donde lo que menos les importa es saber si los que reciben dichas licencias tienen la habilidad para manejar bien; donde además nos enfrentamos a una infraestructura vial que nos pone en riesgo todo el tiempo, con trampas mortales de todas las formas imaginables, con señalización deficiente, con diseños acomodados a las malas para poder sacar tajadas sustanciosas; y para acabar de ajustar con una autoridad que no tiene ni idea de la misión que debe cumplir en las vías. Cómo podemos así esperar que la accidentalidad se reduzca por arte de magia. Y cómo podemos permitir que se señale a los motociclistas de ser los principales causantes de la accidentalidad.

No se puede negar que hay muchos irresponsables, que amparados por una licencia que el Estado otorgó, se suben a un vehículo, de cualquier clase, a exponer su vida y la de los demás, y muchos tristemente van sobre una moto, para todos ellos, vayan en moto, carro, bus o vehículo oficial, sí debería aplicar la ley con todo su peso. Para el que se pasa un semáforo en rojo, se salta un pare, va en contravía, maneja borracho, sin licencia, sin SOAT. A esos sí que los manden caminando a su casa, pero no simplemente por ir en moto.  ¿De qué igualdad hablan?