Los
kilómetros se siguen acumulando en nuestra
Victory Furax y les adelantamos que desde el último reportaje
de los 7.000kms no
hemos tenido mayores inconvenientes ni contratiempos y se ha mostrado
como una máquina confi able y fiel compañera para el
trajín de
todos los días.
Lo
más destacado de estos últimos cinco mil kilómetros
fue un viaje realizado a Ayapel, Córdoba y las playas de Coveñas
en la costa atlántica con el fi n de someter a la Furax y su
planta motriz a condiciones extremas de funcionamiento. Durante el
viaje, el primer ascenso, después de salir de la ciudad de
Medellín, fue el alto de Matasanos, que marca la salida del
Valle del Aburrá. En estas condiciones el motor va relajado
gracias a su buena dosis de torque y el desarrollo corto de la caja
mantiene las rpm
en su punto óptimo al cambiar de marcha, lo que unido a su
buen comportamiento en curvas, permite aprovechar al máximo
la potencia
disponible y mantener un ritmo constante en revirados tramos de montaña.
Después de superado Matasanos y con un clima más frío
continué mi camino hacia los llanos de Cuivá, (el punto
más alto de la ruta con más de 2.800mts sobre el nivel
del mar), Yarumal y el Alto de Ventanas, famoso por su espesa niebla,
que aparece en los momentos más inesperados. Afortunadamente
en esta ocasión las ventanas estaban abiertas (es
decir, cero niebla) y pude continuar sin contratiempos por una de
las carreteras más difíciles de la topografía
nacional, porque en menos de
40kms se desciende más de 2.000 metros por una vía estrecha
y curveada, llena de fallas geológicas y derrumbes que mantienen
el pavimento muy maltratado y lleno de desniveles, pero nada de eso
me preocupó porque
las suspensiones de la Furax se lo tragan casi todo y pude rodar a
buen ritmo dejando tras de mi infi nidad de vehículos.

El
punto final de este descenso es la población de Puerto Valdivia,
situada a orillas del río Cauca. A partir de allí se
dejan las montañas y las curvas atrás y comienzan las
largas rectas que cruzan las extensas llanuras del
norte de Antioquia y Córdoba, en su mayoría dedicadas
a la ganadería. Para mi, esta era, a priori, la parte más
dura del viaje, teniendo en cuenta que los trece caballos de fuerza
de la Furax no dan para alcanzar una velocidad de crucero muy alta,
sin embargo la idea era mantener el motor girando a tope de revoluciones
por varias horas continuas, siendo una dura prueba para el monocilíndrico.
Después de la primera hora de rodar a fondo mis dudas se despejaron.
El motor no dio señas de fatiga, ni de consumo de aceite, a
pesar de la alta exigencia. Los kilómetros pasaron más
rápido
de lo que creía y pronto llegué a Caucasia, centro económico
del norte de Antioquia y el sur de Córdoba, donde aproveche
para echar gasolina. 20 km más tarde, en un sitio conocido
como La Apartada, giré a la derecha para tomar la carretera
hacia Ayapel, destino de mi primera etapa. Todavía me quedaban
por delante 40 km de carretera destapada en muy malas condi-
ciones porque el invierno la había destrozado y una vez que
el lodo y el pantano se secaron, había quedado llena de huecos,
desniveles y rizados, una pesadilla para los automóviles pero
un excelente campo de pruebas para la Furax y llevarla al límite.
Estuve tentado a apretar el acelerador pero como tenía montado
el baúl sobre la parrilla y todo mi equipaje en él,
preferí no abusar, rodar a un ritmo tranquilo y aprovechar
para admirar el paisaje, que en estas tierras es realmente hermoso,
con grandes llanuras verdes que se pierden en el horizonte y con un
sol radiante que sube la temperatura a 40 grados centígrados
al tiempo que acentúa los colores, haciendo que todo el entorno
sea de postal. Por fin llegué a Ayapel, literalmente cocinado
al vapor bajo un sol despiadado y con una alta humedad, rezando
por una bebida bien helada. La recompensa la obtuve cuando pude descansar
a orillas de la ciénaga de Ayapel, que por sus dimensiones,
es considerada la reserva natural de agua más grande del país
y a orillas de la cual, tienen sus fincas de recreo importantes personalidades
de la vida nacional. La vista era sencillamente hermosa
y me hubiera gustado dar un paseo en chalupa o planchón, programas
habituales en la región para propios y turistas, pero esta
vez la priori-
dad era la Furax.

Ayapel
es una tierra ganadera, donde la Furax
se desenvuelve muy bien.
Al
día siguiente, más ligero de equipaje puse rumbo hacia
las playas de Coveñas, en Sucre y me dispuse a recorrer otra
vez los 40kms de carretera destapada, esta vez sin misericordia y
con el acelerador a fondo. Pronto estaba rodando a la velocidad máxima
de la Furax (poco menos de 100km/h), parado sobre los tabacos, cual
piloto de rally, volando por encima de huecos, rizados
y resaltos, dejando una generosa estela de polvo detrás de
mi. Este tramo fue muy divertido y lleno de adrenalina, aunque no
estuve exento de pasar un gran susto cuando caí de lleno a
un gran hueco después de sobrepasar un resalto. La llanta delantera
recibió un golpe bastante fuerte al tiempo que la trasera se
levantaba en el aire y aunque no perdí el control, paré
de inmediato seguro de que había estallado la llanta o al menos
que el rin estaba dañado, afortunadamente no había pasado
ni lo uno ni lo otro, demostrando la fortaleza de la Furax. El chasis
y las suspensiones cumplieron apropiadamente su misión y la
moto se mostró muy maniobrable y sin reacciones inesperadas,
proporcionando
una gran confi anza para rodar a buen paso en terrenos difíciles.
Luego de salir nuevamente a la Apartada me dirigí a Coveñas
a donde llegué después de tres horas de camino, con
el acelerador a fondo y parando sólo a echar gasolina. En esta
bella población del Golfo de Morrosquillo y destino habitual
de turistas de todo el país, pude disfrutar de
un rato de sol, playa y mar, relajarme y por supuesto, admirar la
belleza de las mujeres, que desfi laban sin cesar en bikinis y trajes
de baño. Al fi nal del día regresé a Ayapel,
otras tres horas de castigo con el acelerador a fondo por las interminables
rectas de Córdoba y Sucre que la Furax aguantó sin quejarse.
Después de dos días de descanso realicé el viaje
de regreso a Medellín, de manera tranquila y sin contratiempos.

Junto
a la Ciénaga de Ayapel, la reserva natural
de agua más grande del país.
Aunque el balance
del comportamiento de la Furax fue positivo, no todos sus componentes
salieron indemnes de esta dura prueba. Algunos tornillos se afl ojaron
debido a la vibración en el terreno destapado, que ocasionó
además que las pestañas, a las cuales se atornilla el
guardabarro trasero y que estaban pegadas al chasis con una débil
soldadura, se rompieran. Al comentar este inconveniente con la gente
de Auteco nos informaron que ya habían detectado ese problema
e implementado los correctivos necesarios, instalando una platina
reforzada en esta área. Vale la pena destacar que los ingenieros
de la ensambladora no se han quedado quietos con este modelo y han
estado atentos a las observaciones de los clientes, gracias a las
cuales han implementado constantes mejoras en la Furax, como la descrita
anteriormente y otras, como por ejemplo en el sistema de frenos, que
ha recibido modificaciones para que su funcionamiento sea más
seguro. Además se suprimió el llamado sistema ABS, que
era una válvula
reguladora de presión montada en la pinza del freno delantero,
que tras varias pruebas no mostró ninguna efi cacia. Otras
modificaciones se han realizado en el amortiguador trasero y en algunas
mangueras y guías que se han reposicionado para prevenir posibles
daños.
Actualmente nuestra
Furax (que cariñosamente bautizamos La Furiosa) sigue con su
vida normal, principalmente en la ciudad, con algunas salidas a carretera
y como decíamos al principio del artículo, no hemos
tenido mayores inconvenientes en este tiempo, aunque se siguen presentando
algunos ruidos en la cadena, al golpear con el chasis, pero esto se
soluciona ajustando periódicamente la cadena. De resto el desgaste
de pastillas, kit de arrastre y llantas ha sido normal y no hemos
tenido que
reemplazar ninguno de estos componentes. El consumo de gasolina sigue
sin variación, 123km/g y el principal mantenimiento que hemos
hecho ha sido el cambio de aceite cada dos mil kilómetros.
Esperamos que antes de
completar los 20.000kms de la superprueba podamos hacer otros viajes
y seguir sometiendo la Furax a más pruebas que se las estaremos
contando en próximas ediciones.DM


Los
preciosos atardeceres de las sabanas nos acompañaron
durante el viaje hacia Ayapel y Coveñas.

Largas
y casi interminables rectas sirvieron para exigir
a fondo el propulsor de la "Furiosa".

Estas rectas interminables, que figuran en los mapas como vías
asfaltadas, son la puerta de entrada a la ciénaga de Ayapel
y una pista de pruebas ideal para someter
a examen nuestra Furax.

Texto
y fotos: Mauricio Gallego