Una espectacular panóramica del valle de Nazca, donde se encuentran las famosas líneas.


Los tesoros de Tahuantinsuyo

Capítulo 2

En los tiempos del imperio Inca sus dominios
se extendieron desde el sur de mi patria hasta Chile.

Texto y Fotos: Daniel Velandia

Algo que en mi opinión no ha cambiado con el paso del tiempo, es la manera en que los lugares y las anécdotas de viaje tienden a convertirse con el devenir de las conversaciones en algo parecido a sitios de quimera, a leyendas; parajes y situaciones que existen y ocurren a miles de kilómetros de nosotros en un mundo desconocido, un mundo que a pesar de todas las fotos o los videos que nos muestren, vive más en nuestras fantasías e imaginación que en un plano de realidad.


Esta es la "verdadera" mitad del mundo, un lugar
donde es obligatorio hacerse la foto cuando se visita Ecuador.

En los tiempos del imperio Inca sus dominios se extendieron desde el sur de mi patria hasta Chile y Argentina, a sus tierras les llamaban Tahuantinsuyo, todas las dominaban con mano firme y de no haber sido por la llegada de los colonizadores, quién sabe qué habría podido pasar con su imperio, no tengo idea cómo consiguieron mantener el control de un territorio tan amplio a lo largo de tantos años, pero para mí esta es una razón más para profesar una vasta admiración hacia este pueblo, me produce un gran gusto poder dedicar la primera parte de este viaje a recorrer las que alguna vez fueron sus tierras, imaginarme por donde pasaban sus caminos, conocer algunos de los templos que dejaron como legado; no obstante en lo que otrora fuera la parte norte de su imperio no existan hoy día mayores señas de su paso.


La neblina y los derrumbes que nos acompañaron
en gran parte del viaje por la sierra ecuatoriana.

Ibarra fue la primera escala fuera de Colombia, una ciudad pequeña pero con parques hermosamente conservados, bellos edificios y templos históricos, llena de un comercio activo, inundada de locales de Internet, venta de celulares y chifas, lugares en los que se vende comida china preparada con ingredientes “made in la casa”, gastronomía exportada de Perú a sus países vecinos y aunque algunos sostienen que realmente se trata de la peor comida que puedas encontrar por estas tierras, en las guías turísticas figuran como lugares representativos de la culinaria local, yo no puedo opinar, sinceramente no encontré la motivación necesaria para entrar a ninguno de estos restoranes (como les dicen acá), preferí decantarme por comidas más occidentales aunque mi plato principal en esta ciudad estuvo conformado por ingentes cantidades de helado de paila servido en muchos sabores, nada correcto si de dietas balanceadas se trata. Sin embargo de Ibarra lo que más me llamaba la atención era el autódromo de Yahuarcocha por todas las historias que había escuchado sobre él, ahora caigo en cuenta que este fue el primer lugar en pasar de mito a realidad en esta historia y a pesar de no haber podido completar un giro a la pista, al menos pude disfrutar de un breve recorrido por su antiguo trazado, mismo en el que se vivieron todas las anécdotas de las que tanto escuché en mi infancia.


Rodando por arriba de 4.500m entre Puno y Arequipa.

Debido a las circunstancias políticas que caldearon el ambiente entre Colombia y Ecuador durante los días del inicio de este viaje, lo más saludable parecía ser cruzar a la mayor brevedad este país para evitar posibles malentendidos, con este propósito en mente partí de Ibarra hacia Quito, en realidad me dirigía hacia el centro del mundo, al Paralelo Cero, que se encuentra en las afueras de la capital ecuatoriana, allí hay un museo que es como un parque temático interesante, pero en realidad por allí no pasa la línea del Ecuador, para encontrarla hay que seguir en dirección hacia el sur varios cientos de metros más y entrar a otro museo (pagar otra vez) y ahí sí poder tomarse la infaltable foto con cada pie en un hemisferio distinto; me parece que este es uno de los pocos lugares en el mundo en el que hombres y mujeres por igual se abren de piernas frente a un montón de desconoci- dos sin nada de pudor. Una vez cumplido el obligado ritual continuamos el camino rumbo al sur sin entrar por Quito para ahorrar tiempo y poder avanzar lo máximo posible en un solo día...

¿De qué tengo miedo? Varias veces durante los días que llevaba de viaje en este país debí detenerme para preguntar indicaciones, cada vez que entraba en un local a pedir algo de comer o beber debía necesariamente abrir la boca y siempre me preguntaban de dónde era, de todos ellos solo uno me lanzó un gesto de repudio cuando le dije que venía de Colombia, una sola cara torcida de entre tantas con las que había hablado desde mi llegada a Ecuador, aquel día, mientras me metía bajo las cobijas en un hotel de Riobamba me reía de la tonta facilidad con la que en ocasiones nos dejamos llevar por las diferencias de los jefes de gobierno y la desinformación de los medios y me daba cuenta que la preocupación era innecesa- ria, a partir de entonces me dedicaría a viajar con más tranquilidad.

Al dejar Riobamba se puede tomar el camino hacia Guayaquil y la costa, o se puede continuar por la sierra para bajar hacia Cuenca, yo opté por la segunda alternativa confiado en que habría muchas cosas para aprender, lo que no me imaginé fue que esa decisión me costara mis primeros días de verdadero aprendizaje sobre lo que es viajar en moto.


Una imagen de la plaza de Cuzco.

Hay quienes piensan que quienes vamos en moto somos masoquistas, aguantamos frío, calor, lluvia, estamos constantemente propensos a terminar de cara contra el piso… yo prefiero ver todo esto como una manera única de vivir el planeta, de palpar su clima, de bañarnos con su agua y de probar los sabores de la tierra de la que está hecha, si bien es cierto que en ocasiones el proceso no es del todo sencillo, como fue el caso durante la segunda parte del recorrido por Ecuador, transitando carreteras en muy mal estado, enceguecido durante largas jornadas por una neblina espesa que además estaba cargada con esa dosis de llovizna, que a pesar de ser como un rocío, termina empapándolo todo. El descanso llegó en la ciudad de Loja, ubicada al sur del país y en la que conocí a Diego, su familia y unos amigos suyos, los Tello, motociclistas de corazón y de hecho. Un par de días para reponer calor y fuerzas, para practicarle el primer mantenimiento en carretera a Elvira y disfrutar de la compañía de una gente increíble. ¿Cómo se siente el corazón cuando se dejan nuevos amigos? Pleno. El último apretón de manos no se olvida, las sonrisas y los abrazos son indelebles. Llegas sin esperar nada y te vas a manos llenas, ese es el espíritu motero, o motoquero, o motociclista (como quieran llamarle), del que tanto hablan quienes conocen la ruta, y es una de las sensaciones más reconfortantes para el espíritu cuando estás lejos de casa.


Las llamas marcan el paisaje de Perú.

El paso final de Ecuador fue una demostración de dos cosas: la primera que no tengo ni idea de donde estoy parado ni de cómo llegar a donde voy, me fui por el camino que no era y eso que llevaba dos mapas de carreteras y un GPS, la segunda que sin importar lo difícil que se pongan las cosas, siempre hay solucio- nes, no importa cuanto frío tengas, cuanta agua te moje, cuantos papeleos debas hacer, uno a uno cada obstáculo va siendo superado y cuando parece que todo está lejos de ser alcanzado, pasas la frontera y empiezas un nuevo capítulo.
La tierra peruana es la cuna de la civilización Inca, pero no solo de ella, a lo largo de este recorrido por sus dominios vamos descubriendo los vestigios de otras culturas indígenas, ruinas, templos, usanzas que se conservan hasta la fecha, si algo hay que reconocerle al pueblo peruano es que a diferencia de nosotros, han sido lo suficientemente fuertes para defender su tradición indígena sin entregarla por entero a las manos de la cultura occidental, esto es algo que se percibe, no por lo que se le muestra al turista, sino por aquellas cosas en las que ellos como pueblo siguen creyendo.


Los templos peruanos también son parte típica del panorama

Perú esta lleno de parajes increíbles, está también atravesado de norte a sur por una de las carreteras más monótonas que he conocido, gran parte de su gente son personas de corazón, atentas y cordiales, las motos no figuran entre sus grandes pasiones y el hecho de viajar en una de ellas no genera mayores simpatías, pero lo compensan con una buena atención y franqueza. Acá el miedo de las represalias por ser colombiano le cedió el paso al miedo a ser robado, desde antes de salir venía muy advertido, al rodar por sus calles y carreteras constantemente me recordaban la advertencia, el ambiente de paranoia colectiva termina por nublar la razón, yo creo que es más cuestión de cuidarse sin dejarse sugestionar, o como se dice en buen romance, no dar papaya, pero eso no le quita a la posibilidad de disfrutar a pleno pulmón las bellezas de este país que no solo es templos, líneas y alpacas, su cocina es exquisita, estés en la costa o en la cordillera podrás disfrutar de platos formidables, de paisajes que te cortarán el aliento, de parajes increíbles, es cuestión de detenerse un momento y consultar el mapa, salirse de la Panameri- cana, atreverse a ir a donde no todos van, en estos tiempos es tremendamente difícil llegar a un sitio donde no tengas manera de conseguir un sitio donde dormir, comer y tener Internet. A pesar de mi plan de relajarme y darme tiempo para disfrutar de este viaje me equivoqué en varias oportunidades y no me tomé el tiempo necesario para ir un poco más lejos y conocer algo distinto y eso en esta tierra es un pecado difícil de perdonar, como lo es el no encontrar la manera de plasmar en estas hojas toda la maravillosa experiencia que implica cada pequeño descubrimien- to hecho, el mágico sentir que se deriva al presenciar un atardecer teñido de los colores más vivos estando en la profundidad de un campo solitario y desconocido…

Con el paso de los kilómetros todas las cosas se van asentando, aprendes a manejar mejor tu tiempo, a buscar la mejor ruta, aprendes también que parte del secreto para ir mejor es estar abierto a las opciones que te presente el camino, este proceso es como el despegue de un motor, a medida que avanzas cada vez todo se va acoplando mejor. Día a día vamos avanzando hacia nuestro destino final, ahora el sur del continente implica nuevos enigmas, retos diferentes, ¿quién sabe cómo vaya a ser eso?, mis expectativas más grandes en esta primera etapa del viaje están puestas en el cono sur.

Una respuesta si tengo respecto a la pregunta de los casos de emergencia.

Viaje vs. Rutina

Ir de viaje es lo opuesto a estar de rutina, cosa cierta por todos y ¡bendita sea!, pero un viaje lleno de buenos hábitos es también un viaje más cómodo. Cierto que el hábito hace parte de la rutina pero asumir tareas como acostumbrarse a grabar periódicamente las fotos y realizar un archivo de seguridad de las mismas te curan de perder imágenes irrepetibles en caso de un olvido (a mi me pasó), llevar un control de gastos detallado es muy útil y sano para la cuenta del banco y por ende para nuestro bolsillo, chequear siempre la habitación del hotel antes de salir (mirar incluso bajo la cama) son pequeñas actividades que vale la pena llevar a cabo para evitarnos fuertes dolores de cabeza. Es algo así como un mantenimiento preventivo de nuestra paz espiritual.

Ruta: Ecuador y Perú
Distancia total recorrida: 9.629 km
Tiempo de viaje: 51 días
Descripción del trayecto: Vías principales en buen estado, las secundarias pueden presentar dificultades, muchísimo frío en las cumbres andinas (ojo con el hielo en el asfalto), clima seco, sin lluvias, rectas insoportables.

El blog de Elvira

Desde mi pasada anotación hasta esta fecha han pasado tantas cosas que me queda difícil saber por dónde empezar. A estas alturas me sigo sintiendo tan bien como al principio, gracias más que todo a Manuel y la gente del Grupo Crosland que en Lima me trataron como me lo merezco, bueno, tampoco le voy a quitar méritos al salvaje que me correspondió de piloto, me ha hecho pasar las duras y las maduras metiéndome por caminos

destapados, pistas de arenas, pasos de agua... me da la impresión que a veces, la mayoría de veces se le olvida con quién está tratando, pero he sabido demos- trarle de qué estoy hecha y lo bestia que es lo compensa con una puntualidad rigurosa a la hora de cambiarme el aceite, limpiarme el filtro de aire y estar pendiente de mis cosas, algo que todas nosotras sabemos agradecer de buena manera.

Las rutas no han sido del todo sencillas, he podido disfrutar de unas carreteras magníficas y sufrir con otras que son como para taparse los ojos, las rectas definitivamente no son mi fuerte pero lo lento de mi paso lo compenso con otras cosas, me he dado cuenta en varias ocasiones como a Daniel se le emociona el corazón cuando llegamos a carreteras de montaña, esos son los momentos en los que más nos conectamos y… bueno, hasta ahora solo ese día que nos cruzamos con unos grupos de motos grandes y que este tonto les hizo ojitos de añoranza sentí un poco de ce… ¡ahh, se me salió!

 

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