La
historia de Auteco se remonta más de sesenta años en
el pasado, cuando a finales de la década de los 30s y
principios de los 40s del siglo pasado, un emprendedor antioqueño
educado en Inglaterra, se dio a la tarea de crear una nueva empresa
de carácter comercial. En este proceso analizó varios
factores inherentes a la época: el primero, que la población
de las ciudades que apenas eran unos pueblos grandes
estaba creciendo de manera acelerada; y el segundo, que estaban por
abrirse la mayoría de las carreteras Inter- departamentales
que conocemos hoy. Estas observaciones lo llevaron a la conclusión
de que el sector automotor tendría un importante desarrollo
en las siguientes décadas, tanto en lo relativo a automóviles
para las ciudades, como a camiones para el transporte de carga y,
además, que habría una clase trabajadora que necesitaría
un transporte económico y práctico como las motocicletas,
prácticamente desconocidas en esa época.
Teniendo
esta idea como norte y con un capital inicial de $10.000, prestados
por un banco local, Autotécnica Colombiana (Auteco) inició
operaciones el 1 de septiembre de 1941, con una bomba de gasolina
y un pequeño almacén de repuestos situados cerca al
Hospital San Vicente de Paúl en la ciudad de Medellín.
En 1945, construyó su primera sede propia en un lote situado
donde actualmente se encuentra Dismerca, en la esquina de la calle
37 (conocida como la Avenida 33) con Palacé, que en ese entonces
era el extremo sur de la ciudad. Allí estableció un
almacén de repuestos Ford y Chevrolet, una sala de exhibición
y los más modernos talleres de servicio de la ciudad.

Así
de espectacular se veía Auteco en 1955, en sus instalaciones
de Palacé con la 33, (donde hoy queda Dismerca).
Ese día le entregaban motos Ariel a la Policía.
Pueden hacer click en la foto para ampliarla
Fiel
a la idea inicial de traer al país un medio de transporte económico,
Auteco importó antes de 1945, las primeras motos, marca Indian,
procedentes de Estados Unidos, de la cual le vendieron varias a la
Guardia Presidencial que un tiempo después fueron totalmente
destruidas en los disturbios del 9 de abril de 1948, después
del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá.
Sin embargo, las Indian resultaban costosas para nuestro medio, por
lo cual pronto se cambiaron por motos Ariel, Excelsior y Monarch originarias
de Inglaterra, que eran más económicas.
En
los primeros años de la década de los 50 se estableció
contacto con la fábrica italiana Innocenti, productora de las
motonetas Lambretta, cuyos derechos de ensamble, fabricación
gradual y venta para Colombia fueron adquiridos por Auteco, comenzando
su comercialización en 1954 a un precio de $1.600 pesos.
Vehículos
como la Vespa y la Lambretta, tuvieron sus orígenes en la destruida
y empobrecida Italia de la post-guerra, cuando los antiguos fabricantes
de equipos militares debieron reconvertir su producción hacia
el sector civil y por esto se dieron a la tarea de diseñar
un medio de transporte práctico y económico que sirviera
para movilizar nuevamente a los italianos, factor clave para el resurgimiento
económico de ese país. Fue de esta manera como crearon
el concepto de la motoneta, que satisfizo todos los requerimientos
para los cuales fue concebida. Por estas mismas razones, Auteco se
dio cuenta de que este vehículo sería exitoso y de gran
utilidad en nuestro medio, como en efecto sucedió.

El Club Auteco Lambretta fue toda una institución
que dejo huella en una generación, arriba
vemos un paseo del club de Cali.
Paralelamente,
la empresa siguió desarrollando durante los años 40
y 50 su actividad de distribución de repuestos para automotores,
mediante una amplia red con la cual cubría todo el territorio
nacional. También importó automóviles Nash, camiones
Federal, tractores Gravely y hasta vendió vehículos
Renault, antes de que se estableciera Sofasa en Colombia. Adicionalmente,
en 1956, los directivos de la compañía, inquietos con
el tema de ensamblar vehículos en nuestro país, participaron
en la creación de Colmotores S.A. (Compañía Colombiana
de Automotores S.A.), actual ensamblador de Chevrolet. Los primeros
vehículos que ensambló esta nueva empresa fueron automóviles
y camiones Austin, ingleses, los cuales distribuyó Auteco,
aunque sólo en la ciudad de Cali.
En
1961, el Gobierno Nacional otorgó a Auteco la primera licencia
de ensamble y fabricación de motocicletas en Colombia y en
el grupo andino, con lo cual la empresa comenzó una nueva era,
pasando a ser esta su actividad principal. En 1962 adquirió
las instalaciones de Itagüí, al sur del Valle de Aburrá,
donde más adelante, en 1968, concentró todas sus operaciones
y donde permanece hasta la fecha. Durante esa década, se incrementó
sustancialmente la producción de las Lambretta, gracias a su
gran éxito comercial. Una experiencia que fue muy positiva
y que le dio gran reconocimiento a este modelo, fue la creación
del Club Auteco Lambretta, que organizaba diferentes actividades
para sus usuarios, entre ellas paseos por todo el país, que
seguramente serán gratamente recordados por los aficionados
de aquella época, en especial el viaje del 62 al Nevado del
Ruiz, donde las Lambrettas tocaron nieve.

Un
recuerdo de la subida al Nevado del Ruiz en el 62
Desde
la creación de Colmotores en 1956, la idea del gobierno consistía
en fabricar en Colombia un 10% de los componentes por año,
hasta producir localmente la totalidad del vehículo en el término
de 10 años. Esta meta no se alcanzó a cumplir, ni en
el campo de los automóviles ni en el de las motocicletas, por
razón de nuestro precario desarrollo industrial. En la producción
de la Lambretta, Auteco alcanzó a producir localmente un 75%
de la misma, pero computado al peso (no al valor).
En
esos años, las Lambrettas incursionaron en las competencias
gracias a corredores como Álvaro Cano, Orlando Vélez,
Jaime Echevarría y Horacio Piza, (trabajador de Auteco), quienes
les hicieron todo tipo de modificaciones consiguiendo que fueran muy
rápidas, con lo cual sorprendieron a más de uno y lograron
importantes victorias en los circuitos nacionales de velocidad. También
se recuerda especialmente la motoneta de un piloto de apellido Echevarría,
que, desprovista de casi todas sus parte metálicas y con las
llantas llenas de tornillos para dar más agarre en tierra,
participó en carreras de motocross en la antigua pista de la
Arenera y según testigos presénciales, era increíble
lo que corría y saltaba en ese difícil terreno esta
motoneta modificada.

Una chica del Moto Club de Antioquia
en 1954 con su Lambretta modificada.
Un
punto de quiebre se dio a principios de los años 70, cuando
la fábrica Innocenti dejó de producir las Lambretta
debido en parte a conflictos laborales y a que los usuarios italianos
de este producto fueron cambiando sus preferencias por automóviles
de bajo costo que estaban cada vez más a su alcance, como el
Fiat 500, más recordado como Topolino, o por motocicletas japonesas
que venían imponiéndose en el mundo. Por esta razón
vendieron al gobierno de la India toda la maquinaria de la planta
para montarla en ese país, de donde no podían seguir
enviando el material de ensamble hacia Colombia, porque no daban abasto
para cubrir la demanda interna.
Ante
estas circunstancias, los directivos de la compañía
viajaron a Japón y establecieron contactos con las cuatro grandes
marcas, llegando finalmente a un acuerdo de ensamble y asistencia
técnica con Kawasaki Heavy Industries, productora de equipo
pesado, barcos, aviones, trenes y también motocicletas. El
ensamble de modelos de esta marca comenzó en 1972.

Aquí
vemos un catálogo de la indestructible Kavra
La
moto más popular del portafolio de Kawasaki fue la G7-100 Korrecaminos,
también conocida como la Deluxe, que se ensambló por
más de 20 años. Su compacto motor de 100cc y dos tiempos
demostró ser muy fuerte y duradero, ganándose la confianza
de toda una generación que la usaba para el transporte y para
trabajo. La G7-100 fue la primera moto y el primer medio de transporte
propio para muchas personas que la adquirieron a crédito o
con los ahorros de mucho tiempo. Aún hoy, podemos ver una gran
cantidad de estas máquinas rodando en la calle, siendo muy
apreciada en el mercado de usadas.
Otros
modelos de la época fueron la KV100 Kabra, una
moto de trabajo, que tuvo gran aceptación para uso en el campo,
gracias a que poseía bajo, lo que duplicaba el número
de cambios y le daba una gran fuerza, por esto fue muy apreciada en
las zonas ganaderas donde dio excelente resultados. También
se ensambló la KH100 Komanche, la KE125 Kamello
y la 175 Koyote, de tipo enduro, que se vendieron muy
bien en los pueblos, y la famosa KH250 Kobra de tres cilindros,
que corría en competencias de velocidad y sobre las cuales
se movilizaron los agentes de tránsito de Medellín durante
algún tiempo. A finales de los 70 llegaron algunas unidades
de las Z1000, tetracilíndrica de cuatro tiempos, que era la
máxima aspiración para quienes buscaban una motocicleta
de alta cilindrada y potencia.

Sobre estas
líneas la Korrekaminos G7 o
100 sport, sin duda la Kawa más querida.
El
éxito inicial de Kawasaki en nuestro medio decayó en
los 80, cuando se conjugaron varios factores. Por una parte, se fortaleció
la competencia de las otras ensambladoras de motos que existen en
nuestro país. Yamaha había llegado en 1978 y Suzuki
y Honda unos años después, lo cual amplió el
portafolio de opciones para los motociclistas, en especial en las
cilindradas pequeñas, en las cuales Kawasaki no tenía
un desarrollo tan importante como las otras marcas japonesas, porque
la mayoría de sus esfuerzos tecnológicos los invertía
en máquinas de alta cilindrada para el consumo del mercado
americano, el europeo y el propio Japón, donde tenía
y tiene una ganada reputación, que no satisfacían las
necesidades de nuestro medio, lo que ocasionó que no pudieran
ofrecer los modelos adecuados para competir con las otras marcas.
Por otra parte, comenzó una fuerte recesión económica;
el dólar vivió una gran devaluación, lo que incrementó
el precio de las motocicletas en general y ocasionó una crisis
financiera en Auteco. Para rematar, el gobierno creó un régimen
especial de ensamble de vehículos, carros y motos, por medio
del cual restringió la cantidad de modelos que se podían
producir. Cada empresa podía ensamblar cuatro modelos; las
demás importaciones estaban prácticamente prohibidas,
con algunas excepciones para competencias deportivas. Todo esto hizo
que Auteco decayera en sus cifras de ventas, pasando esta época
con cuatro modelos principales: la G7-100, KE-100, KH125 y KE125.
A finales de 1987 se introdujo la Joy AN80, una moto semiautomática
de cuatro tiempos que llegó a competir directamente con la
V80 y la FR80, y que se destacó por la confiabilidad de su
mecánica de 4 tiempos y por un diseño más avanzado
que el de sus rivales.
Debido
a estas circunstancias, la empresa decidió diversificar su
producción incursionando en la fabricación de motocargueros,
bandas transportadoras, bicicletas y triciclos para niños,
garruchas (usadas en la industria del banano), y comenzó la
comercialización de otros productos Kawasaki, tales como guadañadoras
y plantas de energía. Además continuó la fabricación
de autopartes para las ensambladoras de automóviles nacionales,
actividad que actualmente sigue siendo uno de sus negocios más
importantes.

Desde finales de los 70 Auteco importó
Kawas de gran
cilindrada como la KZ 1000 que vemos en esta foto
En
la segunda mitad de la década de los 70, años que muchas
personas han coincidido en llamarlos la época de oro de las
competencias de motociclismo, Auteco formó su propio equipo
de fábrica para participar en carreras de velocidad y motocross,
logrando un notable éxito a todo lo largo del país.
Algunos pilotos que se recuerdan en velocidad son Alfonso Blanco,
quien corrió con la KH250 tricilíndrica de dos tiempos
y posteriormente con la KH500 de similares características,
apodada La asesina por su increíble velocidad,
cosechando notables éxitos con ambas motos. Otros pilotos que
se recuerdan fueron Ricardo Cuchilla Londoño, Pacho
Bolívar, Efraín González y Mauro Corradini, quien
fue campeón nacional y ganó varios Latinoamericanos
con una moto construida artesanalmente con la ayuda de Auteco, la
cual contaba con un chasís de fabricación propia y un
motor de KX125 de cross. En motocross se recuerda a los hermanos Scagliarini
y Echavarría, a Gonzalo Vélez Culebro y
Gabriel Prieto, entre otros. En esta especialidad también se
lograron importantes triunfos.
Al
iniciar la década de los 80, las complejas circunstancias sociales
en todos los niveles unidas a la falta de un circuito donde se pudiera
correr con seguridad Las competencias en circuitos callejeros
se estaban volviendo muy peligrosas por la imprudencia de los espectadores
- hizo que esta actividad comenzara a decaer y Auteco terminó
con su equipo oficial, dirigiendo sus esfuerzos publicitarios hacia
otros campos. Más tarde, en los años noventa, se volvió
a formar el equipo oficial de marca, aunque sólo en motocross.
El corredor más importante en este nuevo periodo fue Martín
Cárdenas, quién actualmente está corriendo en
el campeonato mundial de velocidad MotoGP, en la categoría
250cc a bordo de una Honda oficial.

Alfonso
Blanco junto a la KH 250, una máquina que le
dió muchos triunfos a Auteco a finales de los 70

"La Asesina", así bautizaron
a la
veloz KH 500 de tres cilindros
Todas
las experiencias vividas en los años 80 hicieron que la empresa,
dentro de su visión estratégica, se preocupara por buscar
otro fabricante que le permitiera complementar su gama de productos
y proveer transporte económico y confiable a otros segmentos
del mercado, que hasta ese momento había tenido desatendidos.
De
esta manera se iniciaron, a principios de los 90, contactos con el
fabricante Bajaj de la India, al cual fueron remitidos por el propio
Kawasaki, con quien Bajaj tiene acuerdos de cooperación tecnológica.
Uno de los principales modelos de Bajaj era una motoneta que por sus
características de motor y chasis era muy parecida a la mítica
Vespa Italiana. A pesar de que su nivel de calidad no se equiparaba
con las motos japonesas, Auteco decidió apostarle a volver
a introducir la motoneta en nuestro país, porque, entre otras
cosas, las mismas razones que hicieron tan exitosa a la Lambretta
en los 60, seguían vigentes: la necesidad de un transporte
práctico, económico y accesible para un grupo de usuarios
que no podían comprar los modelos actuales. Esta motoneta de
dos tiempos, 150cc y muy buen torque, fue bautizada Auteco Plus, valiéndose
del buen nombre que ha tenido esta empresa en la mente de los consumidores,
para facilitar la introducción de esta marca hasta entonces
desconocida en nuestro mercado. La Plus se lanzó en el mercado
colombiano oficialmente en Mayo de 1993, convirtiéndose de
inmediato en un gran éxito comercial, hasta el punto de que
había listas de espera de más de tres meses en los concesionarios
para poder adquirir una de estas máquinas, siendo muy valoradas
sobre todo como moto de trabajo y mensajería.

Aquí
vemos a Gabriel Prieto volando sobre una KX.
Esos
primeros años de los noventa también son recordados
por el lanzamiento en 1991 de la Kawasaki KMX, que revolucionó
el mercado de las motos de 125cc enduro, porque incluía adelantos
tecnológicos nunca antes vistos en las motos de producción
nacional, como por ejemplo refrigeración por agua, que le daba
un sonido completamente distinto respecto a los tradicionales motores
de 2 tiempos refrigerados por aire, frenos de disco en las dos ruedas,
y válvula de escape KIPS que se abre a altas revoluciones incrementando
la potencia. Esto unido a una estética muy moderna y a una
potencia de 24 HP muy superior a la de sus competidoras - hizo
que fuera el objeto más deseado de todos los aficionados al
motociclismo. Claro que también costaba más que las
otras motos de su segmento, por lo cual sólo pudo ser adquirida
por los afortunados que podían pagar su precio. Tener una KMX
se volvió, en esos primeros años, un signo de status.
La
apertura económica del gobierno de César Gaviria y la
consecuente liberación de las importaciones, permitió
introducir nuevos productos de Kawasaki, como la KR150, una deportiva
de 2 tiempos, con carenaje y una apreciable potencia, que fue de alguna
manera la precursora de la Victor, la KDX 125, muy recordada por su
espectacular suspensión delantera invertida, la línea
KX de motocross y las Vulcan de 500 y 750cc, de estilo Custom. Además,
llegaron motos deportivas de alta cilindrada superbikes
que eran toda una sensación por su potencia y estética,
cuya marca registrada por Kawasaki es Ninja, nombre que se quedó
grabado en la mente de la gente, hasta tal punto que para referirse
a cualquier moto de estas mismas características las llaman
Ninja.

En el 91 Auteco lanzó la KMX 125,
moto que fue y sigue siendo
la más innovadora de las tipo enduro en nuestro país.

Con su estilo deportivo y sus 35
caballos, la Victor es pura adrenalina.
En
1995, la industria de la motocicleta nacional vivió un año
record en ventas, con más de 132.000 unidades vendidas, pero
decayó dramáticamente a partir de 1998 y hasta el año
2000, afectando a todas las ensambladoras. A pesar de esta época
de crisis, hubo modelos que se destacaron por su alto desempeño
y tecnología, como fue el caso de la Kawasaki Víctor
150cc, 2 tiempos, de corte deportivo, que contaba con 34 caballos,
una increíble potencia para su cilindrada y que se ensambló
desde 1997 hasta el 2002, así como la Kawasaki K-1 115cc, catalogada
como la semiautomática más rápida y deportiva
que se ha ensamblado en el país. Estos dos modelos se dejaron
de comercializar básicamente por su alto precio para el momento
que vivía el mercado.
La
relación comercial y técnica iniciada con Bajaj a principios
de los noventa, siguió madurando y fortaleciéndose a
lo largo de toda la década, tiempo durante el cual, gracias
a un dinámico equipo gerencial, una excelente planta de ingenieros
que trabajaron mancomunadamente con los de Auteco - alianzas
con varios socios tecnológicos y acuerdos de colaboración
con casas de diseño, permitió que dieran un importante
salto cualitativo en la calidad de sus productos y, lo más
importante, que les realizaran una gran cantidad de mejoras técnicas
que los hacían más apropiados para nuestro medio. Como
anécdota se cuenta que cuando vinieron los ingenieros de Bajaj
a nuestro país y vieron pasar una Plus a más de 80km/h,
quedaron aterrados de la velocidad a la que circulaba y comentaron
que en la India todo el mundo andaba despacio, por lo que estas motos
no estaban diseñadas para el uso que se les estaba dando aquí.

Con la salida de la Plus a comienzos
de los 90,
Auteco revivió en parte la época dorada de la Lambretta
Después
de la Plus introdujeron otros modelos Bajaj, tales como la Suma, la
KTZ 100, la KB 125 y la Zip, que no fueron muy exitosos, hasta que
en el 2001 y siguiendo la tendencia mundial hacia las motos de 4 tiempos,
se introdujo la Boxer de 100cc, con un precio inferior a todas las
motos de su segmento y una alta economía de combustible que
la convirtió en una opción muy interesante como moto
de trabajo, para los que querían adquirir su primera moto o
que estaban pensando en comprar alguna de segunda mano. Su éxito
comercial ha sido significativo y durante los tres últimos
años ha sido el modelo más vendido de Auteco.
Después
de la Boxer se han introducido otros modelos de Bajaj de cuatro tiempos,
con muy buena aceptación, como la Legend y su versión
hermana la NXT, primera motoneta de cuatro tiempos, la Pulsar 180,
que tiene un excelente comportamiento dinámico y una estética
impactante y la Avanti 90, que busca ser una opción aún
más económica que la Boxer.
En
el nuevo siglo, con el objetivo de ampliar su gama de modelos e incursionar
en el segmento de los scooters, uno de los de más alto crecimiento
a nivel mundial, se establecieron contactos con la marca taiwanesa
Kymco, muy reconocida en los mercados asiáticos y europeos
por su avanzado diseño, tecnología y calidad. Este acuerdo
se materializó en el 2003 con el lanzamiento de la Top Boy
y con la llegada a nuestro mercado de la Bet&Win 250, primer scooter
de gama alta que es ensamblado en Colombia. Estos dos modelos han
tenido muy buena aceptación y han logrado posicionar rápidamente
esta nueva marca en nuestro mercado.

En el 2003, la Copa Top Boy fue una ingeniosa
estrategia que sirvió para introducir los
scooter Kymco al mercado.
Por
más de 65 años, Auteco ha desarrollado una inmensa actividad
comercial e industrial en muchos campos, pero siempre ha estado ligada
a la industria de la moto, porque para ellos más que un negocio
ha sido una pasión, algo que se puede constatar cuando se habla
con los empleados o con los directivos de esta empresa. Fueron unos
de los primeros importadores a nivel comercial y los primeros que
las ensamblaron, abriendo el camino hacia la masificación de
este tipo de vehículos en nuestro país, con las Lambretta
y en los últimos años han sido los más dinámicos
al introducir nuevos modelos y buscar alternativas en este competido
mercado. Todo esto, unido a una merecida reputación de respaldo
técnico y buen servicio, construido a lo largo de seis décadas,
ha hecho que sea una de las marcas más queridas de nuestro
medio y con mayor proyección hacia el futuro.
Texto:
Mauricio Gallego A.
Agradecimiento especial: Auteco, Alfonso Blanco, Rodrigo
Echavarría, Motoclínica