De vuelta a clases

Texto: Mauricio Gallego

2 de agosto de 2008, nunca pensé que el día que me volvería a subir en una moto sería frente de un instructor que gritaba un montón de explicaciones y consejos en francés...

Pero comencemos esta historia por el principio y remontémonos a finales de marzo de 2007 cuando, después de completar los 20,000 kms de la superprueba de la Auteco Furax, me dirigí a la redacción de La Revista para devolverla. Las llaves las entregué con algo de nostalgia, no solo porque había sido mi compañera y medio de transporte por un año sino porque a los pocos días emigraría a Canadá con mi familia para radicarnos en la provincia de Québec (la parte francesa) y no sabía cuándo volvería a subirme a una moto.

De todas maneras el primer paso era obtener un permiso para conducir, así que me dirigí a la dependencia correspondiente con mis licencias de carro y moto para validarlas en Québec. Cual no fue mi sorpresa cuando me dijeron que no había problema con la de carro pero que para la de moto debía hacer todo el proceso como cualquier ciudadano canadiense. En mi rudimentario francés le expliqué al funcionario que yo tenía 15 años de experiencia en moto y que inclusive era colaborador de una revista de motociclismo (obviamente DE MOTOS) y que por lo tanto no me parecía justa esa medida, “Esa es la ley” fue la respuesta que obtuve una y otra vez. No tuve más alternativa que resignarme. “Ok, ¿qué es lo que debo hacer? dije finalmente. Después de escuchar la explicación del proceso para obtener el codiciado permiso quedé todavía más desmoralizado y confundido por lo largo, complicado y costoso que era, pero bueno, esas son las reglas y a ellas me tengo que acoger, pero debo reconocer que los resultados son muy buenos y cuando por fin una persona puede salir a conducir una moto está muy bien preparada con lo cual se evitan contratiempos y accidentes.


El primer paso fue presentar un examen teórico, “pan comido” pensé, sin embargo por precaución conseguí el libro guía editado por las autoridades de tránsito, el cual era mucho más gordo de lo que pensaba y lo estudié completo, menos mal, porque de no haberlo hecho no hubiera ganado el examen, que no fue fácil. Antes de que alguien pueda subirse a una moto debe demostrar, con este examen, no solo que conoce todo lo concerniente a las señales y leyes de tránsito, sino que sabe y está consciente de que la moto, por el hecho de tener dos ruedas, poca protección para sus pasajeros y rodar gracias a los efectos del equilibrio dinámico, es un vehículo que requiere conocimientos y precauciones especiales para conducirlo. Por ejemplo, me sorprendió que en el libro expliquen en detalle todas las fuerzas físicas que actúan sobre la moto en movimiento y que hacen posible que mantenga el equilibrio y se incline en las curvas, conocimientos que son necesarios para comprender sus reacciones y conducir de una manera más segura.

Listo, siguiente paso. Después de ganar el examen teórico obtuve el permiso de aprendiz 6R que me dio el derecho a tomar un curso de conducción obligatorio en circuito cerrado. ¿Curso de conducción, yo? Pagar para que me enseñen algo que ya se y que hago después de tantos años... pensé con algo de cólera. Después de esta primera reacción me calmé y me dije que si quería tener el pase lo debía tomar y que por más experiencia que se tenga siempre se puede aprender algo nuevo o corregir vicios, así que me dirigí a una escuela de conducción autorizada y casi me voy de espaldas cuando me dijeron el precio, $600 dólares (aprox. $1.200.000) por 8 horas de teoría y 22 de práctica.

Un año después, y aquí retomo el principio del artículo, ya estoy finalmente en el curso, con la mente abierta y tratando de no pensar mucho en los $600 dólares. El método de enseñanza se asemeja a la construcción de una casa, los cimientos en este caso fueron la sesión teórica y las explicaciones de los instructores antes de cada ejercicio. Los primeros ladrillos y muros son los ejercicios con el clutch para aprender a controlar el punto de fricción (en el cual arranca la moto) y rodar a baja velocidad para aprender a controlar el equilibrio. Después de que estas bases están fuertes y sólidas se pasa a los ejercicios de zig zag entre conos para aprender a virar la moto y adaptarse a la inclinación en curva. Al principio muy despacio pero a medida que se gana confianza se va rodando cada vez más y más rápido. Digamos que con esto queda lista la estructura de la casa y se pasa a la siguiente etapa que es la simulación de situaciones en el tráfico, como giros de 90 grados en esquinas, cambios de carril, salidas a autopistas, arranques en pendientes, esquivar obstáculos, etc. Lo siguiente, y una de las partes más importantes del curso, son los ejercicios de frenado, empleando diferentes técnicas y a diferentes velocidades, simulando situaciones de emergencia. Adicionalmente se incluyen simulacros del examen que se presenta luego ante las autoridades. La última parte del curso y a manera de graduación es una sesión de ruta en compañía de los instructores para tener la experiencia de conducir en la vida real y finalmente, si todo salió bien, te entregan el certificado. ¿Mi balance? Muy positivo, aunque hubo cosas muy básicas para mí, aprendí dos o tres trucos nuevos, corregí un par de vicios que tenía y fue la oportunidad para volver a conducir una moto después de tanto tiempo. En especial disfruté mucho volver a estar en la carretera. Además quedé sorprendido con mis compañeros que lo hicieron bastante bien, tomando en cuenta que llegaron sin saber nada.

Ya con el certificado en la mano, el siguiente paso fue presentar el examen en circuito cerrado, el cual no es complicado y consta de algunas maniobras estándar, con las cuales el evaluado demuestra que es capaz de arrancar, frenar, parar, esquivar obstáculos y tomar curvas de manera segura. Afortunadamente no tuve ningún problema para ganar esta prueba, la cual se pasa con 75 puntos sobre 100, y gracias a lo cual obtuve mi permiso de conducción 6A. Sin embargo este no es el final del camino porque este permiso solo me da el derecho a conducir una moto siempre y cuando esté acompañado de otro motociclista (que esté en su propia moto) que tenga dos o más años de experiencia. En el fondo lo que dice la ley es que una persona después del curso de conducción tiene unos conocimientos básicos y debe continuar su aprendizaje y ganar experiencia sobre la ruta (que es la única manera) de una forma gradual y bajo la tutela de alguien más experimentado que lo pueda guiar, dar consejos y frenar las ganas de estrujar el acelerador más allá de sus capacidades. Este es el punto en el que estoy actualmente y en un plazo mínimo de 7 meses, podré presentar el examen de ruta en el que un evaluador me dará instrucciones por radio desde un carro. Si lo gano obtendré por fin el permiso de clase 6, que me da derecho a manejar cualquier moto de manera autónoma y completaré un proceso que en mi caso va a tomar dos años a un costo de unos 800 dólares en total.

Independientemente de lo complicado que pueda parecer, el esquema aplicado es bastante sencillo y lógico. El gobierno hizo las leyes y los reglamentos, asesorándose en su momento de gente conocedora y experta en el tema, la empresa privada proporciona la capacitación teórica y práctica de manera profesional y con gran calidad, los usuarios se someten a las leyes, les gusten o no, sin buscar atajos y maneras poco legales de saltarse las etapas y finalmente el gobierno es el que controla que todas las partes hagan lo suyo evaluando a los futuros conductores para cerciorarse que son aptos para conducir una moto.
Ahora, la pregunta que se harán es si todo esto funciona. La verdad es que sí. La inmensa mayoría de los motociclistas que he observado conducen de una manera racional, respetando las leyes y la convivencia entre carros y motos es bastante cordial y civilizada, además aquí la prioridad la tiene el más débil, por lo cual no es raro ver que los carros le cedan el paso a las motos o que toman una distancia prudencial de ellas. En cuanto a la accidentalidad, claro que la hay, pero proporcionalmente es mucho menor a la de nuestro país y la gran diferencia es que la mayoría de los accidentes no ocurren en la ciudad, sino en carretera y casi todos debido al exceso de velocidad, porque aquí al igual que en cualquier otro país del mundo, no faltan los inconscientes que tientan su suerte asumiendo riesgos que están por encima de su habilidad. Afortunadamente son una minoría pero no por eso las consecuencias son menos trágicas.

Una pregunta que me hago frecuentemente es si sería posible implementar un esquema como este en Colombia, donde la cultura en las vías deja mucho que desear. Pienso que sería bastante difícil replicar exactamente este modelo, empezando porque en estas tierras la moto no es un vehículo de transporte ni herramienta de trabajo, sino un vehículo recreativo, que solo se puede usar seis meses al año por causa del clima, lo que trae como consecuencia que el volumen de motociclistas sea menor y por lo tanto es posible hacer procesos tan largos y complejos como el que he descrito, pero si estoy convencido que se podría adaptar un modelo de acuerdo a nuestra realidad, donde sin ninguna duda la mayor responsabilidad la tiene el estado, que bajo el marco de unas leyes lógicas y adaptadas a nuestras circunstancias (asesorados por gente experta en el tema) garantice y controle (cosa que hasta ahora ha hecho bastante mal) que la empresa privada, es decir las escuelas de conducción, proporcionen una capacitación teórica y práctica idónea y que ninguna persona obtenga o renueve su pase sin haber demostrado, ante el mismo estado, que tiene los conocimientos y habilidades para conducir y controlar una motocicleta.

Como podrán deducir de este artículo y que al mismo tiempo es una enseñanza y moraleja para nosotros, el pase de moto en Canadá no es un papel que se compra, sino que es un privilegio que cuesta tiempo, energía y dinero obtenerlo y que además el futuro motociclista debe demostrar que lo merece. En cuanto a mí, todavía me faltan otros 10 meses antes de volver a tocar una moto. La temperatura ya ha comenzado a bajar, la gente comienza a guardar las motos debido a la temporada invernal que se avecina y solo hasta mayo o junio del próximo año podré presentar el último examen y después de eso, al fin podré tener y conducir mi propia moto otra vez, así que solo me resta tener paciencia y con algo de envidia desearles a ustedes buena ruta, pero con seguridad y responsabilidad. DM