Aventuras en
Baja California

La península mexicana, al sur de California, con sus paisajes variados es uno
de los destinos más deseados para cualquier endurista en el mundo. Rainer
Herhaus y
Joachim Sauer estuvieron buscando las mejores trochas
y experimentaron sus propias aventuras.
Bogotá febrero de 2010. Estaba sentado en mi computador en la casa cuando me entró un mail de mi viejo amigo Joachim Sauer de Alemania quien trabaja desde hace muchos años con la fábrica de KTM en Austria. Me estaba preguntando si me gustaría acompañarlo en un viaje en moto cruzando Baja California. Las motos las prestaría KTM USA y deberíamos arrancar dentro de 3 semanas. No lo pensé ni dos veces: organizar el pasaje a Los Ángeles y empacar el equipo con casco, botas y protectores fue cuestión de unos pocos días. ¡Qué bienvenida para nosotros en México! Unas horas antes habíamos cruzado la frontera entre EEUU y México en la pequeña ciudad de Tecate. Fue algo increíble: nadie nos paró, nadie quería ver ni pasaportes ni papeles de las motos. ¡Una de las fronteras más custodiadas y nosotros la pasamos casi sin parar! Pareciera que los gringos se pusieran contentos con cualquiera que salga de su país y los mexicanos no piensan que alguien se ponga a devolver algo que sea ilícito.
Aunque tenemos el trazado del último rally en nuestros GPS, es algo fácil seguir las huellas de la competencia: muchos árboles llevan marcaciones con cintas coloradas y algunos avisos nos ayudan a encontrar la ruta correcta. Una sabana ancha y en el horizonte las montañas. Un paraíso para enduristas, trochas con arena y peraltes pero también con huecos inmensos. Ya estamos presenciando los primeros cactus: tenemos que seguir con cuidado para no encontrarnos con sus espinas largas. Cruzamos pequeños riachuelos que llevan bastante agua por el invierno que está haciendo actualmente. ¡Ya empieza a llover fuerte! Luego de los primeros 40 kilómetros llegamos a un pequeño río que al principio no lleva mucho caudal. Un terreno ideal para nuestros juguetes de color naranja. La arena se pone muy compacta por la lluvia así que avanzamos a buena velocidad. Pero poco a poco el terreno se pone cada vez más angosto y por el ritmo en que andamos, nos pasamos nuestro “waypoint” del GPS y esto nos lleva hasta un cañón estrecho. Sigue lloviendo y el nivel de agua está creciendo muy rápido, llegando a formar un charco grande. Finalmente pasó lo que queríamos evitar: la KTM de Joachim se inunda con ambas ruedas en el barro. Luego de un trabajo duro la podemos sacar del río, pero nos encontramos totalmente empapados y agotados. Por esta trocha no podemos seguir, es nuestra conclusión. Tomamos la decisión de devolvernos y más adelante encontramos nuevamente las marcas de la última competencia de Baja 1000 que nos guían en nuestro camino. Ya nos estamos acercando a la Sierra San Pedro Mártir con sus picos de más de 3.000 metros de altura. Nuestro destino para pasar la noche es Mike’s Sky Ranch, un sitio muy conocido entre los enduristas que pasan por aquí. Los últimos kilómetros del día están conformados por pista de arena, pero más adelante la arena se convierte en barro profundo y resbaloso a medida que subimos la montaña. Ya empieza a hacer frío y nos duelen las manos. En una subida fuerte entre rocas grandes nos encontramos con un Hummer americano varado. Jack de Alabama, EEUU, está tratando de cambiar uno de los semiejes delanteros, luego de haberse volcado con su 4x4. Le ofrecemos nuestra ayuda, pero nos dice que todo va bien y ya estaba terminando. Además nos cuenta de manera orgullosa que él estuvo en la guerra del Irak y por lo tanto ese problema no era mayor cosa. Pasando un río bastante ancho llegamos empapados y con mucho frío al rancho de Mike. En un salón grande, donde nos calentamos un poquito, las paredes y el techo están decorados con tarjetas profesionales, recuerdos, fotos y camisetas de pilotos de todo el mundo. Es el punto de encuentro de los enduristas y por la cercanía obviamente uno de los destinos principales de los motoristas gringos. Tomándonos unas cervezas Tecate conocemos a Nick y Jim, dos motoristas californianos quienes se la pasan casi todos los fines de semana en esta parte de la Baja y por sorpresa tienen en común con Joachim un amigo alemán quien hace algún tiempo vivía en Los Ángeles. ¡El mundo es muy pequeño! A las 10 de la noche nos acostamos con mucho sueño en nuestra cabaña en la cual los dueños ya prendieron una estufa para pasar la noche sin aguantar frío.
Domingo por la tarde: estamos cerca de San Felipe, la ciudad principal en la costa oriental. Cada vez nos encontramos con más enduristas. Llegaron a entrenar porque la próxima semana arranca aquí la Baja 250, un rally relativamente corto por los alrededores de San Felipe. Las trochas se encuentran en mal estado por tanto tráfico de motos y carros de rally. Hay muchos altibajos los cuales nos cuestan mucho trabajo, más que todo por la velocidad lenta de “turista” con la cual estamos avanzando. Por lo tanto tomamos la decisión de andar por unos kilómetros por la MEX 3. La carretera principal de la península nos recibe con mucho sol y calor y con una linda vista hacia el mar. Pero luego de un tiempo me están haciendo falta las trochas, así que con la ayuda de nuestros GPS buscamos unos caminos destapados al lado del mar con rumbo al sur. Nuestro destino para hoy es la Bahía San Luis Gonzaga. El paisaje hermoso, con el mar azul profundo en un lado y los cactus altos en el otro, hace que nos sintamos bien y estamos avanzando a gran velocidad. Pero casi llegando a nuestro destino a Joachim se le pincha la llanta delantera, gracias a lo cual pude aprender cómo un experimentado piloto con muchas competencias en los Six Days y dos veces Campeón Europeo arregla la situación: en menos de 15 minutos Joachim cambia el neumático. Mientras yo tomo algunas fotos, ya la moto de él se encuentra nuevamente lista para seguir hacia nuestro destino.
Acercándonos a nuestro hotel en una playa hermosa alcanzamos a dos pilotos más, quienes aparentemente quieren llegar al mismo sitio. De un momento al otro nos preocupamos por el cupo limitado en el hotel: todos los cuatro empezamos a acelerar fuerte y se desarrolla una carrera para llegar de primero. Al final mi amigo Joachim gana esta pequeña competencia, con lo que nos ganamos la última habitación libre mientras los dos gringos tienen que pernoctar en una terraza al aire libre. “El segundo ganador es el primer perdedor” fue el comentario de Joachim. El día siguiente, mi día de cumpleaños, empezamos con un desayuno abundante y luego de una pequeña revisión a las motos partimos hacia un cañón rocoso. Una experiencia inolvidable. Las rocas alrededor de nosotros se presentan en todos los colores y nos sentimos como en una película del Viejo Oeste en esta soledad. Agua, arena profunda y barro es la mezcla perfecta para nuestras KTM 450. Así que me siento cada vez más seguro también a altas velocidades. Pero sobre una trocha rápida entre cactus muy altos, exagero mis habilidades. Derrapando en una curva a la izquierda quiero usar un peralte, pero este se convierte en un hueco profundo con el resultado de que la rueda delantera queda enterrada en el hueco y yo salgo volando dando un salto en el aire. Afortunadamente mi moto vuela por un lado pero en el “aterrizaje” me pego muy fuerte en el pecho y una pierna. Joachim me ayuda a levantarme y luego de un cigarrillo calmante y una pastilla contra el dolor me siento mejor. Ni pensar qué hubiera pasado con lesiones más graves aquí en esta soledad, lejos de la civilización. Luego de un descanso de media hora y algunos arreglos en la moto podemos seguir. Por la tarde llegamos a la Bahía de Los Ángeles donde aprovechamos nuestro hotel para conectarnos vía internet con nuestras casas y gracias a Facebook puedo recibir las felicitaciones para mi cumpleaños. En el hotel conocemos a Chris un corredor de Nueva Zelanda con su KTM 250. Él ha participado en él último Six Days y en la última carrera de Baja 1000 en noviembre pasado, donde terminó dentro de los primeros 10 puestos. Ahora se la pasa aquí entrenando todos los días para la próxima carrera. Nos cuenta que esta vez quiere ganar y dedica toda su vida a esta gran meta. Le deseamos mucha suerte antes de acostarnos a dormir. Al día siguiente busco primero una farmacia para surtirme con pastillas contra el dolor en mis costillas, pero cada vez me cuesta más subir y bajar de la moto. Saliendo de Bahía de Los Ángeles tomamos rumbo hacia la Costa Pacífica, sobre caminos arenosos atravesando el Parque de los Cirios. Cirios es el nombre de los cactus altos que son como la insignia de la península. Durante el recorrido y manejando la moto me acerco demasiado a uno de los cactus y en la pasada algunas espinas quedan pegadas en mi mano izquierda. Al parar Joachim me las quita con una pinza de su juego de herramientas. Sorprendentemente no siento mucho dolor y me acuerdo que ya había tomado pastillas para el golpe en la costilla. Nos reímos y luego seguimos nuestro camino hacia el mar. Cuando cruzamos la carretera principal aprovechamos una casa para comprar gasolina. Un viejito con barba nos vende combustible en lo que parece fueron botellas de leche en su vida anterior. Me sorprendí cuando Joachim me dijo que él no echaba porque tenía todavía suficiente en su tanque. Más adelante nos acordaríamos de esto.
Mientras estamos despinchando discutimos porque Joachim no había echado gasolina arriba en el pueblo, pero no llegamos a una explicación. Era simplemente un descuido de nosotros porque pensábamos encontrarnos con más poblaciones aquí abajo en el mar. Ahora estamos en el medio de nada y ni siquiera la espectacular puesta del sol sobre el mar cambia nuestro humor. Ya se está oscureciendo y yo me veo entrando a una casa a la fuerza para pasar la noche allí. De un momento a otro, andando por la playa, veo un bote pesquero y en tierra hay un cambuche con algunas personas. Con cuidado nos acercamos y nos encontramos con 4 pescadores que están preparándose para su próxima faena. Sin pensarlo dos veces pregunto por gasolina y la conseguimos. Los pescadores nos venden dos galones y nos ofrecen hasta cenar con ellos. Pero les comento que tenemos que volver hoy mismo a la carretera principal para buscar donde pasar la noche y por lo tanto íbamos de afán. Ellos se muestran comprensivos y nos desean mucha suerte para los próximos ¡120 kilómetros! Arrancamos dándole duro y a bastante velocidad para lograr avanzar lo máximo antes de que caiga la noche. “Faltan 120 kilómetros, máxima concentración” me grita Joachim cuando salimos. Estando ya totalmente oscuro, paramos para un descanso en pleno desierto para alistar nuestras motos para la noche y para buscar nuestras linternas pequeñas que llevamos para montar en nuestros cascos. De pronto se acerca una camioneta y veo sus farolas ya desde lejos. Me acuerdo de algo que me decían los pescadores y que no había comentado a Joachim: “cuidado en el camino, ya que últimamente hubo asaltos por allí”. Mientras la camioneta se acerca cada vez más me pongo algo nervioso pero eran solo otros pescadores en el camino a su trabajo y nos preguntan si pueden ayudar con algo. Luego de mi repuesta negativa siguen su camino hacia la costa y nosotros arrancamos en busca de la carretera principal y de un lugar para dormir. En esta situación, andando de noche, mi GPS es una gran ayuda. En la pantalla veo cada vez más cerca la carretera que nos salvaría, vamos lado a lado tratando de iluminar mejor la trocha, aunque en realidad vamos adivinando el camino y en esas no veo un banco de arena profundo y me caigo nuevamente de la moto. Otra vez me golpeo la misma costilla y mientras trato de respirar y buscar algo de aire se acerca Joachim para ayudarme. “Ya la costilla está rota totalmente” le digo con mucho dolor. Pero tenemos que seguir. Para darme más alivio Joachim me quita mi mochila y como sea seguimos nuestro camino hacia la carretera, la cual alcanzamos media hora después. Rápidamente encontramos un pequeño hotel con restaurante para pasar la noche.
Nuestra aventura por Baja California ya casi llega a su fin: pero quedan pendientes todavía unos 400 kilómetros en carretera para llegar a Temécula donde tenemos que devolver las motos en KTM USA. Luego de pasar nuevamente la frontera, nos recibe una California soleada y tranquila. Termina un día largo y una semana muy entretenida y nos quedan solo los recuerdos de nuestras aventuras en Baja. Hasta luego México y hasta la próxima, ¡queremos volver! DM
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