
Travesía
Costa - Andes
Un viaje para repetir

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A
pesar de los conflictos diplomáticos con el hermano país
del Ecuador, nos sigue uniendo, por sobre todo, el calor de su gente
y la nuestra.
Texto: Alexander Fernández - Samuel Montoya Dicen los que
saben, y cuentan los que de montar en moto se enriquecen, que para
viajar al exterior, debe ser en una de alto cilindraje, pues bien,
esta es otra de las muchas historias que pueden desvirtuar esa teoría.
Animados por el espíritu aventurero de viajar en moto, decidimos
bajo la incredulidad de muchos, realizar un viaje por el hermano país
del Ecuador, travesía imposible para muchos, locura para otros
y quizá utopía para nosotros que lo único que
teníamos era la ilusión y nuestras Pulsar 180.
Una grata sorpresa fue encontrarnos con varias empresas que decidieron apoyarnos, como Auteco, Inducascos y Cobija (accesorios para motociclistas), que asumió este viaje como algo propio. Es importante mencionar aquí el apoyo del CMA (Club Moto Antioquia) al cual pertenecemos. Anécdotas
de un gran reto
A la salida de Pasto nos encontramos con la celebración del Día del Agua donde todas las personas se tiran agua entre sí, razón por la cual sufrimos varios atentados con bombas y baldados de agua, es de anotar que ni la Policía se salvaba. El paso en la frontera resultó ser algo tedioso, debido a las largas y lentas filas en los puntos de migración tanto en Colombia como en el país vecino.
Pensando en la economía pretendíamos tanquear las motos al pasar la frontera, encontrándonos con la sorpresa que no vendían gasolina a vehículos colombianos para evitar el contrabando que allí se producía. Logramos entonces tanquear luego de pasar tres poblados, gastando tan solo 6 dólares en promedio cada uno. Este día, llegamos hasta Ibarra, pasando por una excelente vía, en la noche salimos a conocer la ciudad con un joven que nos sirvió de guía y a la vez nos recomendó sitios a conocer durante el recorrido hacia Otavalo y Quito. Salimos desde
Ibarra hacia Quito pasando por Otavalo. Siguiendo las recomendaciones
del joven guía, pretendíamos acceder a unas cascadas
llamadas Peguche, donde fuimos testigos de un fuerte accidente
ocasionado por la imprudencia del conductor de una camioneta, donde
llevó la peor parte quien conducía una cuatrimoto, a
quien auxiliamos, en primer lugar evitando que se escapara el infractor
como lo pretendía y a la vez prestándole los primeros
auxilios mientras llegaba la ambulancia. Cuando llegó el auxilio,
lo subieron a la camilla y lo montaron a la ambulancia, antes de que
cerraran la puerta del vehículo, escuchamos un grito que provenía
del herido, este nos estremeció a todos y nos enmudeció
por un instante, él exclamo con voz fuerte: GRACIAS COLOMBIA
Allí también
nos encontramos, mientras almorzábamos el plato típico
fritada, con el dueño del lugar y a la vez motociclista
quien ha recorrido gran parte de Suramérica, él nos
orientó para continuar el recorrido y nos regaló un
buen mapa del Ecuador.
Después
de estar dos días en Baños, salimos hacia Cuenca, 300km
muy duros en los que se juntaron la niebla, la altura, el terreno
destapado, la lluvia y el frío, pero a pesar de lo complicado
superamos todo esto para ir a disfrutar de las ruinas Incas de Ingapirca,
llegando a Cuenca al final del día con el único deseo
de descansar.
Portoviejo era el destino que nos esperaba en la siguiente etapa, pero durante el trayecto que fue bordeando el mar, tuvimos la oportunidad de repensar las cosas y fue así como decidimos pasar la noche en un pequeño pueblo fantasma, llamado Calceta. Le dimos este nombre por lo solitario y silencioso. En este punto abandonamos la costa y enfilamos de nuevo hacia la capital por una vía en muy mal estado donde, como dato curioso, se soltó la maleta de una de las motos, por suerte nada grave y pudimos continuar el camino.
De Quito salimos
la mañana siguiente con rumbo a la frontera, pero antes realizamos
varias actividades para despedirnos bien del hermano país.
Visitamos el Parque el Cóndor, nos detuvimos en Otavalo para
visitar al amigo accidentado; tanqueamos por última vez con
gasolina extra a menos de tres mil pesos el galón y por último
fuimos al famoso cementerio de Tulcán para conocer sus esculturas
en pino, luego estuvimos alrededor de 3 horas en la frontera tramitando
nuestro ingreso al país para pasar la noche en Ipiales, donde
no podíamos dejar de conocer el Santuario de las Lajas, desde
allí seguimos hasta Popayán, un tramo demasiado pesado,
considerando los kilómetros acumulados y para concluir partimos
desde esta hermosa ciudad hacia Medellín, llevando en nuestras
mentes el mejor de los recuerdos.
Una gran sensación
El hecho de observar
sus altas montañas, lagunas, ríos, playas, llanos, valles
y volcanes a lado y lado de la carretera daban una sensación
de respeto y admiración a la madre tierra quien se imponía
a nuestro paso demostrándonos lo pequeños que somos
en el mundo, pero a la vez lo nocivos que estamos siendo al no cuidar
toda esta maravilla la cual lentamente estamos destruyendo.
Pero sin duda
alguna, una de las cosas que jamás olvidaremos de esta gran
aventura, es la gente, personas que conocimos durante el recorrido
y quienes nos hicieron sentir como si estuviéramos en nuestra
propia casa, pues todos fueron muy colaboradores, amables, alegres,
y especialmente, nuestros grandes amigos: Pablo y Walter en Quito,
Edison en Otavalo, Juan en Ibarra, Yerabel y su familia en Guayaquil,
sin ellos esta aventura no habría sido ni la mitad de lo que
fue. Agradecimientos
a: Detalles del
viaje |