SYM Joymax 300i

Espíritu aventurero

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Prácticamente de la nada surgió un viaje maravilloso por Boyacá y Santander,
que nos permitió explorar nuevas carreteras y descubrir un
excelente compañero 
de aventuras.

Texto y fotos: JCP

Corrían los primeros días de enero, cuando recibí una llamada inusual para esas fechas, me invitaban a tener en prueba por una semana un scooter llamado Joymax 300i, uno de los modelos que pronto serán comercializados en Colombia por la marca taiwanesa SYM, que está próxima a abrir sus vitrinas y que habíamos conocido durante la pasada Feria de las 2 Ruedas.

Acepté la propuesta pensando que sería un buen compañero para moverme en la ciudad y por la curiosidad natural de sentir algo totalmente nuevo, pero jamás se me pasó por la mente lo que serían esos días. La fecha acordada fui a recogerlo en compañía de mi esposa. Se firmó el papeleo, me aclararon algunas dudas y poco después estábamos sentados en un asiento de clase “ejecutiva”, con la sensación de ir en un aparato de mayor cilindrada.

Con el verano en su mejor momento y en plena temporada de vacaciones, no pasó mucho tiempo antes de que a mis oídos llegara la pregunta ¿y por qué no nos vamos de viaje? Dicho y hecho, terminamos de hacer algunas diligencias en lo que quedaba de la tarde, resolvimos los temas logísticos que toda pareja con hijos pequeños conoce y en la noche ya teníamos todo empacado para salir a primera hora con destino al Lago de Tota en Boyacá.

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Tan pronto aparecieron las primeras curvas empezamos a  descubrir un chasis y unas
suspensiones lo bastante firmes para disfrutar de una conducción muy entretenida.

Era evidente que el Joymax nos ofrecía muchas ventajas para viajar, comenzando por una gran comodidad gracias a su inmenso asiento de doble altura dotado de apoyo lumbar en ambos puestos; también tendríamos protección contra los elementos por cuenta de su diseño frontal con un amplio carenado y parabrisas; además contaríamos con espacio más que suficiente para llevar todo el equipaje en su bodega pensada para guardar dos cascos integrales y esperábamos no tener que preocuparnos por potencia, con su motor monocilíndrico de 278cc equipado con inyección electrónica.

Las opciones más lógicas para la ruta de ida eran dos, ir de Medellín a Bogotá y de ahí seguir rumbo a Boyacá, un camino bastante largo y poco llamativo por el denso tráfico, también podríamos apuntar nuestra rueda delantera hacia Puerto Berrío, para continuar rumbo a Bucaramanga y de ahí a Boyacá pasando por el Cañón del Chicamocha, igualmente una ruta larga, aunque más interesante y con menos tráfico, pero en el mapa aparecía una carretera que siempre nos había llamado la atención y que en el papel se mostraba como la ruta más corta y lógica, por ello sin pensarlo decidimos que ese sería el camino.

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El tablero sobresale por su diseño, también por ser muy completo y fácil de leer.
La gaveta bajo 
el asiento es iluminada y recibe dos cascos integrales.
Las direccionales de leds integradas a los espejos 
son muy visibles.
El equipo de frenos con sistema combinado es muy seguro y efectivo.
Un detalle llamativo es la calefacción para las piernas del piloto.

El día uno a primera hora metimos todos nuestros “corotos” bajo el asiento y comenzamos el viaje. Hasta ese momento escasamente habíamos rodado unos 10km sobre el Joymax, de manera que en el camino iríamos descubriendo las virtudes y debilidades de nuestro compañero de viaje. En ese punto la única referencia que teníamos de la marca SYM era gracias a las pruebas realizadas en el pasado a los scooter de AKT, los cuales son fabricados por esta misma compañía y esto nos daba tranquilidad, pues además de funcionar muy bien, en sus años en el mercado han mostrado ser muy confiables, no obstante es importante dejar claro que la operación de SYM en Colombia no tiene nada que ver con AKT.

No necesitamos mucho tiempo para confirmar que íbamos a disfrutar de un viaje muy cómodo, con una postura de manejo muy relajada y con la posibilidad de mover las piernas en diferentes posiciones, también con un espacio privilegiado para el pasajero, que disfruta del panorama desde su elevado asiento, contando con asas muy generosas y posapiés desplegables mediante un sistema magnético llamado “one touch” que los abre con solo darles un toque con el pie.

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Pronto nos encontramos rodando a gusto en este terreno, a un ritmo muy conservador,
pero gratamente sorprendidos con el buen trabajo de las suspensiones.

El motor, con casi 30 caballos de potencia, fue otro aspecto que salió a relucir de inmediato, destacándose por una gran suavidad y por un nivel sonoro muy bajo,pero ante todo por una capacidad de acelerar con propiedad y mantener muy buenos promedios para un aparato que pesa 192kg y que es capaz de alcanzar velocidades muy por arriba de los límites legales.

Tan pronto aparecieron las primeras curvas empezamos a descubrir un chasis y unas suspensiones lo bastante firmes para disfrutar de una conducción muy entretenida, con una gran facilidad para trazar los giros, con suficiente estabilidad y con un equipo de frenos de gran calidad, el cual se destaca por su sistema CBS, que reparte la frenada en ambas ruedas con solo usar la leva izquierda y que gracias a un par de discos muy eficientes, logra detener todo el conjunto con mucha efectividad y seguridad.

Llegar hasta el Magdalena, en Puerto Berrío fue una tarea fácil, y muy entretenida enlazando curvas de todo tipo, en un scooter que muestra su lado más deportivo en el terreno sinuoso y esta carretera es de las buenas cuando lo que se busca es diversión en forma de curvas con el mínimo tráfico. Luego en minutos estábamos arribando a Puerto Araujo, rodando en las fértiles tierras santandereanas, bañadas por el río Carare.  Ahí debíamos tomar el desvío a Cimitarra, una carretera por la que nunca habíamos transitado, que nos llevaría hasta Barbosa, Santander, pasando por los pueblos de Landázuri y Vélez, este último famoso por sus bocadillos.

La expectativa era bastante, en parte porque no teníamos mayores referencias sobre el estado de la vía, de la cual sabíamos que estaba pavimentada en algunos tramos, igualmente por conocer una nueva región de nuestro bello país, cuya geografía, marcada por las cumbres de la Cordillera Oriental nos generaba gran curiosidad, especialmente porque transitaríamos por una zona donde tiempo atrás mandaban los grupos insurgentes, siendo un
territorio vedado a los turistas.

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El lago de Tota nos recibió con un atardecer
maravilloso. Arriba, en Villa de Leyva.

Salvo por los pasos provisionales de un par de puentes que estaban en construcción, nuestras ruedas solo pisaron un impecable asfalto hasta Cimitarra, con un paisaje y un trazado de esos que vale la pena descubrir sobre una moto. También disfrutamos de una buena carretera en los primeros kilómetros rumbo a Landázuri, inmersos en un pequeño valle, donde un río cristalino se encontraba resguardado por escarpadas montañas
donde podían verse todos los tonos de verde y uno que otro árbol florecido brillando bajo el sol.  Una imagen de esas que es mejor guardar en la retina, porque sabemos que no hay lente capaz de capturar tanta belleza.

Sin previo aviso lo que eran dos amplios carriles asfaltados se redujeron a un estrecho camino de tierra con bastante piedra suelta, donde lógicamente tuvimos que bajar bastante el ritmo.  Aunque pronto nos encontramos rodando a gusto en este terreno, a un ritmo muy conservador, pero gratamente sorprendidos con el buen trabajo de las suspensiones, cuyo recorrido les permitía tragarse la mayoría de los baches y piedras, ofreciendo un andar bastante confortable en comparación con lo que normalmente se espera de un scooter, aunque esto no impedía que golpeara por debajo de vez en cuando, pero el gato central, con una estructura muy robusta era el que recibía los impactos, salvaguardando la parte baja del motor, aunque poco después notamos que la dureza de los resortes traseros estaba en el mínimo y bastó apretarlos al máximo para que los golpes desaparecieran casi por completo.

SYM_133_07Hermosos paisajes de Boyacá.

La peor parte quedó atrás bastante rápido y luego entramos a un tramo en el que el asfalto se alternaba con pequeños tramos de tierra como si fuéramos en una línea punteada, 50m de tierra,  200 de asfalto y así hasta llegar a Landázuri, desde donde todo es pavimento hasta salir a Barbosa.  Para cuando llegamos a este último punto nos tenía sorprendidos la autonomía del Joymax, que ya sumaba más de 300km desde que lo habíamos llenado poco después de la salida y todavía mostraba algo en el medidor.

El factor combustible fue uno de los aspectos que más nos sorprendieron en todo el viaje, con consumos que siempre estuvieron entre 120 y 130km por galón, una cifra sorprendente para un aparato de casi 300cc, con semejante tamaño y peso, pero lo más asombroso es que dicho promedio se mantuvo incluso en los tramos más lentos y cuando debimos usar gasolina corriente, en zonas donde la extra no se consigue.  Tras nueve horas, miles de curvas, infinidad de paisajes y una deliciosa carne oreada llegamos a Villa de Leyva tan relajados como si hubiéramos dado una vuelta corta cerca de casa y curiosamente  nos gastamos siete minutos menos de lo que decía en Google Maps. Pero esta sería solamente una escala en nuestro viaje que al día siguiente retomaría la ruta para llegar hasta el Lago de Tota.

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Con el Joymax disfrutamos al máximo los paisajes y carreteras de Boyacá
y Santander.  
En las fotos se aprecia el Lago de Tota, Playa Blanca y
una de las calles principales de Barichara.

Al menos ese era el plan, pero estando tan cerca de Ráquira y sus cerámicas, de Sutamarchan y sus longanizas, de Tinjacá y sus artesanías en tagua… Al otro día nos fuimos toda la mañana de turismo por la zona y así se nos fue yendo el tiempo a medida que el equipaje crecía por cuenta de las compras. Después pasamos por el Pantano de Vargas y su monumental escultura del maestro Rodrigo Arenas, un lugar que transmite algo especial, un orgullo de patria que acelera los latidos del corazón. Ya era mitad de la tarde y todavía nos faltaba camino por recorrer y en este punto tomamos una carretera desconocida que nos llevaría hasta Firavitoba y de ahí a Iza, la cual resultó ser en su mayoría destapada, pero eso era algo que ya no nos preocupaba y menos con la calidad de paisajes que nos acompañaron hasta llegar a Iza, tierra famosa por sus postres, que obviamente había que probar.

Al final de la tarde, ya cerca de nuestro destino, dejamos Iza con un sabor dulce en la boca y nos enfocamos en llegar antes de que oscureciera para poder disfrutar de la hermosa vista. De nuevo la tierra se hizo presente en algunos tramos, mientras ascendíamos hasta los más de 3.000 metros de altitud a los que debíamos llegar, altura que le cortaba un poco el aliento al monocilíndrico, que se sentía algo perezoso para recuperar y para salir desde cero. Poco después de cruzar el último pueblo llamado Cuítiva nos quedamos maravillados por la imagen de un hermoso atardecer reflejándose en las aguas del lago natural más grande de Colombia.

Contando con “señoras luces”, como diría mi mamá, fue muy agradable rodar el último tramo de escasos 15km, parte en destapado y parte en asfalto, que nos faltaba para llegar hasta Aquitania donde pasaríamos la noche. Vale mencionar que el Joymax, además de tener un doble faro halógeno y luz tipo LED para el día, cuenta con luces antiniebla, que en conjunto proporcionan una excelente iluminación. Ese día vimos por primera vez prenderse el testigo de combustible y no era para menos, al revisar las cuentas habíamos rodado 353km con el tanque y al llenarlo de nuevo le cupieron 2,8 galones, en otras palabras rodamos 126km con cada galón.

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Llegar hasta Tota era solo parte de la diversión, ahora había que disfrutar de sus paisajes, de las carreteras que rodean el lago, de un buen plato de trucha, de Playa Blanca y sus heladas aguas, de un paseo en lancha para tener otra perspectiva y en la lista se nos quedó pendiente probar la crema de cebolla de rama, producto que mueve la economía de esta región y que se cultiva hasta en los jardines de las casas.

Como el plan era no tener plan, al despedirnos del “mar boyacense”, nos fuimos a Tibasosa a probar sus delicias elaboradas con Feijoa, desde vino hasta helado, pasando por bocadillos, mermeladas o galletas, de todo lo imaginable producen los tibasoseños con esta deliciosa guayaba que es su producto insignia y que atrae a muchos turistas, además el pueblo es hermoso, ideal para relajarse, descansar y contemplar el paisaje, que fue precisamente lo que hicimos desde un pequeño hotel donde nos quedamos disfrutando de una vista privilegiada.

Nuestro siguiente destino sería Barichara, en Santander, 250km que recorrimos en cerca de 4 horas, gozando de un clima ideal, de vías en muy buen estado y de un trazado que no permite aburrirse ni un segundo, con un repertorio de curvas que nuevamente hicieron brillar el lado deportivo del Joymax, en el cual ya sumábamos más de mil kilómetros y cada vez apreciábamos más sus bondades y su gran versatilidad para acoplarse a todo tipo de carreteras, ritmos de viaje o situaciones.

Si la palabra tranquilidad tomara forma de pueblo, ese sería Barichara, y esa calma que se respira en el que muchos consideran como el poblado más hermoso de Colombia, es bastante contagiosa, por lo que nos dedicamos un par de días al “relax” total, incluido nuestro compañero de dos ruedas que se la pasó descansando a la sombra de un árbol, hasta que se llegó la hora de emprender el regreso en una etapa de 520km, que como todas las anteriores fue de puro disfrute, con la sensación permanente de ir en un vehículo muy confiable y seguro, que siendo ideal para todos los días, conjugando agilidad y comodidad, también puede ser el compañero ideal para escaparse a devorar kilómetros y olvidarse de la rutina diaria.  DM

Comentarios

  • Se deben destacar sus acabados de gran calidad.
  • Sus retrovisores, que se pueden plegar, ofrecen tanta visibilidad que incluso el pasajero puede ver por ellos.
  • El sistema de iluminación es de gran eficiencia, además de exploradoras cuenta con luces de parqueo.
  • Por seguridad no arranca con el gato lateral abierto.
  • Subirlo al gato central no demanda nada de esfuerzo.
  • Su velocidad máxima ronda los 140km/h.
  • El asiento se puede abrir desde el comando derecho con el motor encendido.
  • No presentó señas de desajuste.
  • Tiene guantera frontal con llave que cuenta con dos tomas de 12 voltios, una tipo USB y convencional.

Acerca de SYM

SYM está entre los 10 mayores fabricantes de motos del mundo y hace parte del Grupo taiwanés Sanyang Industries que fue fundado hace 60 años.

En 1962 comenzó a fabricar motos en colaboración con Honda y en 1995 lanzaron la marca SYM con la cual comenzaron a exportar sus motos y demás vehículos, ya que está marca también produce automóviles, camiones, buses y vehículos militares.

Por muchos años fabricaron el Honda Civic y actualmente tienen acuerdos de producción y colaboración con Hyundai. Desde 2009 SYM produce motores dotados de inyección electrónica. Para saber más: www.sym-global.com En Colombia puedes ver: www.sym-colombia.com

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Una buena mezcla, siempre y cuando no seas el que maneja.

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Los artesanos de la tagua en Boyacá
son uno de los atractivos de la zona.

SYM_133_012Paisajes que enamoran y atrapan a los visitantes.